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Nicolás Sarkozy Recuerda en su Libro de Memorias el Conflicto Diplomático que mantuvo con Calderón y Asegura que este Obedecía a García Luna

Nicolás Sarkozy, ex presidente de Francia, afirmó que el exsecretario de Seguridad de México, Genaro García Luna, quien ya fue encontrado culpable de delitos de narcotráfico en EE. UU, tenía más poder incluso que el exmandatario Felipe Calderón.

«La relación de fuerza entre ambos hombres estaba invertida: era el ministro (García Luna) quien dictaba su voluntad al presidente y no al revés. Yo no conocía el motivo de aquella extraña situación, pero ahora podía calibrar su alcance», aseguró Sarkozy en ‘Los años de las luchas’, su libro de memorias recientemente publicado.

De acuerdo con la reseña de varios medios mexicanos, el libro dedica nueve páginas a recordar el conflicto diplomático que Sarkozy mantuvo con Calderón debido a la negativa del entonces presidente para extraditar a Florence Cassez, una ciudadana francesa acusada de formar parte de una banda de secuestradores.

«Las primeras noticias fueron bastante alentadoras: el presidente Felipe Calderón no veía con malos ojos un traslado de la penada francesa a su país natal para que cumpliera allí parte de su condena», explicó Sarkozy al mencionar la negociación epistolar que ambos mantuvieron antes de que el francés realizara la que sería su primera y última gira oficial a México.

Sarkozy contó que arribó a México junto con su esposa Carla Bruni en un clima de optimismo con respecto a la resolución del llamado ‘Caso Cassez’, pero de pronto Calderón cambió inexplicablemente de postura.

«Había algo más grave y que ocurría entre los bastidores de la vida política mexicana. Se trataba del papel decisivo que desempeñaba Genaro García Luna, el responsable federal de Seguridad Pública», señaló.

Pleito

También recordó que inició su gira en un ambiente «cálido y distendido», ya que, previo a sus actividades oficiales en México, él y Bruni se reunieron con Calderón y su esposa, Margarita Zavala, en la hacienda del banquero Roberto Hernández.

«Las cosas se torcieron en el momento en que pronuncié el nombre de Florence Cassez. La violencia de su respuesta me dejó de piedra. Yo no contaba con algo así. Era evidente que aquello ahora representaba para el presidente Calderón un asunto personal. El hombre se mostraba totalmente enrocado en sus certezas», detalló.

La reacción del mandatario mexicano, aseguró, chocó frontalmente con la carta que le había escrito con anterioridad. «Carla estaba tan aterrorizada como yo. Fue entonces cuando sospeché que algo no cuadraba y que había algo que no sabíamos», dijo.

Después de la cena, la relación diplomática entre varios países quedó afectada durante años.

«La rigidez, la brutalidad, la inhumanidad del presidente mexicano habían conferido unas dimensiones tremendas a lo que debería haber quedado en una cuestión ‘particular’, como a menudo ocurre entre países amigos», señaló.

Como ejemplo de la intransigencia de Calderón, Sarkozy rememoró el día en que el expresidente anunció, tal y como quería García Luna, que Cassez cumpliría su condena en México, lo que obligó al Gobierno francés a cambiar de estrategia y solicitar la intervención de la Iglesia mexicana, que aceptó llevar a cabo su propia investigación.

«Su informe final no se hizo público, pero el Vaticano compartió con nosotros las conclusiones principales. Y eran demoledoras para las autoridades mexicanas. Florence Cassez no era ninguna secuestradora, sino un chivo expiatorio: una persona inocente que simplemente estaba en el momento equivocado, en el lugar equivocado», aseguró el expresidente.

«Todo era, por tanto, un desvergonzado montaje de las más altas autoridades del Estado y la policía mexicanas. Se habían creado pruebas falsas con la única facilidad de inculpar a nuestra compatriota. A raíz de aquello, todo empezó a moverse en una dirección más positiva, (pero) las prácticas indignas de una dictadura persistían a pesar de las pruebas que exculpaban a nuestra compatriota», agregó.

El caso

El 8 de diciembre de 2005, la francesa Florence Cassez y el mexicano Israel Vallarta fueron detenidos en una carretera, pero los policías no los llevaron al Ministerio Público ni ante ninguna otra autoridad, sino que los secuestraron y a él incluso lo torturaron.

Al día siguiente por la mañana, la Agencia Federal de Inteligencia, (AFI) que entonces comandaba García Luna, los trasladó a una casa para fingir que los estaban deteniendo en ese momento.

El supuesto operativo, que en realidad era un montaje, fue transmitido en directo por Televisa, ya que las autoridades los habían llamado para ofrecerles la «exclusiva». Más tarde también llegó el equipo de TV Azteca.

La AFI permitió que los periodistas entrevistaran a Vallarta, pero durante la nota se ve cómo uno de los directores de la AFI, Luis Cárdenas Palomino, le sostiene y aprieta el cuello por detrás, con su mano, y lo intimida en cada una de las respuestas. El detenido apenas si puede sostenerse en pie por los golpes que ha recibido. Fue la transmisión de una tortura en vivo.

Cuando la mentira de la captura fue demostrada, García Luna se limitó a decir que «la recreación» había sido un pedido de los medios.

Hoy, Palomino está en una cárcel de máxima seguridad en México, en tanto que García Luna fue encontrado culpable de complicidad con el Cártel de Sinaloa en un juicio que se llevó a cabo en EE.UU., pero todavía no se dicta su sentencia.

En 2008, Cassez fue condenada a 98 años de prisión, pero después de intensas gestiones del Gobierno francés, finalmente fue extraditada en 2013. Una vez en su país, fue liberada.

Por el contrario, Israel Vallarta ha permanecido 15 años preso y sin condena, a pesar de que en varias ocasiones el presidente Andrés Manuel López Obrador ha prometido revisar su caso.

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